martes, 12 de agosto de 2014

ME ENCONTRÉ UN TESORO...

  Cuando era un niño, mi padre me contaba cuentos fabulosos
en los cuales era usual que personas sumamente pobres, como
"Aladino"  u otros, generalmente de Arabia, se encontraban
tesoros fabulosos.  Recuerdo como Alí Babá, llegaba a ubicar
todas las riquezas inconmensurables de los 40 ladrones y después
cuando uno se encuentra con la realidad, pareciera ser que
sólo era producto de los cuentos. Sin embargo, los modernos
40 ladrones (ahora son un grupo más numeroso) sólo se
pueden comparar a los políticos de todos los países, quienes
se encuentran los más preciados tesoros en el erario nacional.

   Sin ir muy lejos, el Asesor Presidencial del ex-Presidente
Alberto Fujimori tenía tal cantidad de relojes de oro y piedras
preciosas, que cualquier Jeque Árabe lo envidiaría.
Recientemente han puesto en exhibición todas las joyas de
Vladimiro Montesinos, las cuales serán rematadas a fin de
que el Estado Peruano recupere algo del dinero robado.

   Aunque aquí, en nuestro país, la gente vota (aunque
realmente bota o desperdicia su voto) por el más ladrón.
   Existe aquel refrán que parece peruano de:

   "Ha robado pero ha hecho".

   Y así, es posible que reelijan a un ex-Alcalde, que si bien
la justicia no ha podido probarle que tenga algo que ver con
una empresa estafadora como COMUNICORE, todos los
indicios lo condenan. Pero como:

    "Ha hecho, no importa si ha robado"...

   Sin embargo, para no amargarnos el día, prosigamos
con el motivo de este artículo, el cual es narrar los hechos
verdaderos acontecidos al autor y a otras personas que me
relataron sus experiencias de encontrar tesoros o dinero
en efectivo.

  Diremos en primer lugar que el Perú es un lugar privilegiado
de tesoros escondidos.  Desde los primeros pobladores que
acumularon riquezas y cuando temieron ser invadidos por sus
vecinos, los  Incas conquistadores, solo atinaron a esconder
sus tesoros o por motivos religiosos, enterraron a sus muertos
con todo el oro, piedras preciosas y minerales valiosos que
poseían, como se descubrió no hace mucho tiempo cuando
encontraron en el norte del país al Señor de Sipán, con un
atuendo tan rico, que se le comparó al de Tutankamón, el
Faraón Egipcio.
 
  Ello ocurrió en la época pre-Incaica. Luego los Incas
enterraron todas sus riquezas cuando vinieron los españoles
y posteriormente, los españoles también hicieron lo mismo.

  O sea que existen cientos o miles de tesoros en busca de
nuevos dueños.

  Aparte de los buques hundidos frente a la costa peruana.

   Es así como los buscadores de tesoros se asentaron en este
lugar del mundo y aún continúan buscándolos.

   Alí Babá, se queda pequeño, al lado de los fabulosos "dorados"
que deben existir en el Perú.

   Entonces, aparecieron los famosos "huaqueros", que no son
nada más ni nada menos que profanadores y saqueadores de
tumbas, los cuales hasta ahora, buscan restos de entierros
pre-Incas con su recompensa de oro y plata.

  Sin embargo, no sólo se encuentra todo bajo tierra.  Es usual
que la gente sea algo descuidada y "pierda" su dinero o joyas
por distracción dejándolos caer en lugares insólitos.

  En la Playa a muchas personas se les ha caído su collar de oro
o su reloj del mismo mineral precioso. Y otros afortunados se
los han encontrado.

  Un ropavejero me contó que una vez se encontró en un parque
de Lima una joya de oro de 24 kilates y que al venderla le alcanzó
para terminar de construir su casa.

  Asimismo, que una vez le obsequiaron un armario antiguo
perteneciente a un chino que había fallecido.  Fue a botar a la
basura el armatoste que no le servía a él, pero le llamaron la
atención las autoridades del Serenazgo, así que no le quedó
más remedio que llevárselo a su casa. Al examinar detenidamente
el armario, dio con un compartimiento secreto en donde encontró
más de 1000 dólares que el chino había escondido.

  Luego están los billetes que aparecieron misteriosamente en
la calle mientras caminaba al lado de un amigo judío. Como
no sabíamos de dónde aparecieron los billetes, nos pusimos a
recogerlos y como no había nadie en la solitaria y abandonada
calle, nos pusimos a contar el dinero y yo le había ganado en
recoger billetes, ni más ni menos que a un judío....

  Además, cada vez que venía mi hijo de crianza a verme, por
lo general me encontraba sin dinero y al poco tiempo me
encontraba en la calle algún billete perdido.

  He encontrado monedas de 5 soles en jardines centrales de
avenidas de mucho tránsito, pero además, me he encontrado
toda clase de billetes de todas las denominaciones. Desde los
de 100, 50, 20, 10 y cuando habían, los de 5.

  En el tiempo de la hiperinflación en que los billetes no valían
casi nada, la gente los botaba a la calle y yo me los encontraba.

  A veces los rompían y yo los parchaba y los volvía a poner en
la circulación.

  Un tío mío que vivía en Chimbote, una ciudad al norte de Lima,
famosa por el boom pesquero de los años cincuenta, me decía:

  Ya me voy de esta ciudad (Lima) porque no me encuentro nada,
en Chimbote en cambio, me paro encontrando billetes de toda
clase.

  Claro que uno trabaja para ganar el dinero y nunca está pensando
en el dinero ajeno, para nada, pero cuando te lo encuentras
botado en algún lugar y no aparece ningún dueño, tienes que
tomar lo que la providencia te envía.

  Y si no estuviera pensando la gente en el milagro que le ayude
a financiar sus problemas económicos, no existirían buscadores
de tesoros, ni gente que busque el dinero que otros abandonan
o esconden y no lo pueden recuperar porque ya se murieron o
porque olvidaron donde lo dejaron.

  Los perros esconden su hueso y cuando no recuerdan escarban
por todos los jardines tratando de hallarlo y no ocurrió así acaso
con los piratas, que escondían sus tesoros y luego elaboraban
mapas para encontrarlos.

  No le recomendamos que se busque ningún mapa ni que viaje
al Perú para encontrar algún tesoro, a lo mejor pierde todo y
es preferible pensar en el dinero que uno debe ganar con su
trabajo, aunque su empleador actúe como un pirata o uno de
los 40 ladrones y le pague una miseria o el salario mínimo que
de vital no tiene nada, pero sí de mucha explotación y miseria.

San Borja, 12 de agosto del 2014.

EMILIO ULISES ROBLES HORA.
    

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