jueves, 19 de julio de 2012

LOS GUACHIMANES Y LA EDUCACIÓN.

Cada vez que veo al hijo de la señora que cocina en casa, estudiando sus cursos del 3ero. de Primaria y pataleando con la Teoría de los Conjuntos o los sinónimos y otras tareas que le dejan en su escuela, me pregunto ¿para qué le ha de servir en la vida estudiar tanto, si en este país, la ocupación que más abunda es la de Guachimán? (derivación hispanoperuana de la palabra inglesa Watchman).

Los vigilantes, en efecto, son los más solicitados en todas las agencias de empleo...

Y como quiera que en el Perú, los "dueños de la pelota" (leer en una anterior entrada, el artículo respectivo), o sea los empresarios, no quieren pagar a nadie más allá del sueldo mínimo vital, que no es tan vital, porque no alcanza ni para el alquiler de una habitación, menos para comer. Entonces, resulta innecesario que el Estado gaste tanto dinero en preparar a gente que no va a saber cómo ganarse el sustento diario.

Cuando el General Juan Velasco Alvarado, se dio cuenta que la Educación en el país, producía "humanistas" o gente muy culta, pero que no sabía ajustar una tuerca o serruchar una madera, entonces tuvo la iniciativa o revelación de modificar el sistema educativo y hacer que los alumnos salieran de los colegios estatales o particulares, preparados para una profesión de mando medio u oficio, de tal manera que en el cambiante sistema económico, el alumnado tuviera un cartón o una habilidad que encontrara feliz ubicación en el ambiente laboral peruano.

Sin embargo, esa misma gente que hoy reclama a gritos, que preparen a los alumnos para la industrialización o la tecnología  cercana, fueron los mismos abanderados del rechazo a la iniciativa del Gobierno Revolucionario.

En especial las madres, quienes querían ver a sus hijos como médicos, abogados o profesores, a  sabiendas de las escasas ofertas laborales que existen para estos profesionales y  en todo caso los exiguos ingresos que perciben en la administración pública y que los hace ponerse en huelga constantemente; no se diga la profesión de ingeniero, a la cual muchas personas no pueden ingresar por su falta de preparación y derivan en cocineros o guachimanes...

Lo de la gastronomía fue un boom que inició el cocinero, como él prefiere que lo llamen: Gastón Acurio. Cuando a este señor, hijo de un prominente ingeniero y a la vez político, se le ocurrió estudiar esa profesión, nunca pensó que el ser Chef o cocinero le iba a deparar inmensas regalías. Es así que él, como principal difusor de la Cocina Peruana, tuvo un éxito inusitado que hoy piensan repetir los hijos de las personas de las clases altas o medias de nuestro país.

Pero todo el mundo no es Gastón Acurio, así que muchos se quedarán con las ganas de tener su restaurante o viajar al extranjero a brindar los conocimientos sobre la culinaria peruana que aprendieron en las academias.

Al quedar sin efecto, la reforma propuesta por el General Velasco, entonces, surgieron los Cenecapes o Institutos Superiores y hasta los Politécnicos, donde se preparó al personal que deseaba salir con un oficio o habilidad para vivir en la vida sin tener que terminar de guachimanes, dicho sea de paso sin ningún afán peyorativo. Y estas personas han llegado a ocupar destacados lugares en las empresas y ahora son prósperos empresarios y gozan de buenos ingresos.

Ahora nos enteramos por los periódicos que los gerentes o empresarios actuales, recomiendan a los jóvenes que se preparen en profesiones técnicas porque cada día se necesitan más soldadores y otros especialistas en la construcción y la industria.

Los guachimanes, muchas veces son explotados, sufren humillaciones sin fin. No tienen estabilidad laboral ni prestaciones, es decir, no tienen ni Seguro Social ni podrán jubilarse nunca.

Los hacen trabajar doce o más horas al día y no tienen a quién reclamarle.

No son considerados policías, pese a que velan por la Seguridad de los Bancos, de las Empresas grandes y pequeñas, de la calle por donde uno transita y hasta de las casas de los potentados.

A pesar de trabajar todo el día, no les dan almuerzo gratis, ni siquiera un pequeño refrigerio, con la excepción de gente piadosa como una de mis sobrinas, quien se impuso el deber de brindarle el almuerzo a aquella persona que le cuida su departamento en un edificio.

Y lo digo yo, que en algún momento he actuado como guachimán, tanto en la televisión, como en la vida real. Me llamaba la atención que la gente a la cual cuidaba en el edificio, no se compadeciera del frío que sentía o del hambre incidental por el cual pasaba...

No, ellos pagaban a la empresa y basta.

Muy bien, ahora que dicen aquello de la inclusión y se llenan la boca con que van a acabar con todos los abusos, a ver qué hacen por los guachimanes, en el País de los Guachimanes".


San Borja, 19 de julio del 2012.

EMILIO ULISES ROBLES HORA.                    

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